Tropa de Elite II, un must see libertario

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Luego del revuelo provocado por la primera película, Tropa de Élite (2007), y a pesar del éxito obtenido con esa narrativa, el director José Padilha nos presenta una segunda parte totalmente nueva.

La trama comienza con el Capitán Nascimento saliendo de un hospital y dirigiéndose a una emboscada; a partir de ese momento, nos relata cómo había llegado a esa situación. “O enemigo agora é outro (2010) (El enemigo ahora es otro) es el plot que se irá desarrollando en esta entrega de la saga que se vuelve más madura, con más drama y decididamente política. Una jugada, sin dudas, arriesgada por parte del director, quien, si bien pudo haber apostado por la misma fórmula muy exitosa con la anterior película, decidió dar un giro a su enfoque sacando una obra –aunque aún con ciertas evidentes pretensiones taquilleras–  mucho más auténtica. Así que lo primero que les aconsejo es desprenderse del deseo de encontrar la misma dosis de crudeza, acción y violencia que en la primera, ya que podrían terminar perdiéndose de muchos otros aspectos más interesantes.

La película no tiene cambios en la conformación del elenco respecto a la primera pero agrega nuevos actores que darán vida a personajes, algunos más logrados que otros, y también otros pintorescos pero quizá frecuentes en la fauna social latinoamericana: un gobernador sin la más mínima ética, un conductor de TV manipulador, un oficial de policía absolutamente inmoral, un bienintencionado defensor de los Derechos Humanos, un adolescente que no termina de entender la justificación de la violencia.

Pero lo valioso de la película y lo que hace que esté reseñada en este sitio se encuentra en el desarrollo de la trama, de la cual no quiero revelar mucho para no arruinarles la película, pero creo que aún así podría citar algunas cosas.

Lo primero es que todo sudamericano – y alguno más que otro– encontraría fatales coincidencias en lo que a realidad social refiere, pues la película desnuda con precisión la corrupción generalizada de las instituciones públicas, desde la Policía hasta el Congreso.

Segundo, el manejo desvergonzado de las decisiones políticas que no tienen otra finalidad más que continuar con esa trágica situación. Esto último parece encontrarse perfectamente retratado en el cuento de Murray N. Rothbard traducido por el compañero Daniel, donde desde una visión menos ingenua de la que estamos acostumbrados, se hace fácil prestar atención a las verdaderas intenciones de los diversos actores políticos que terminan sacando formidable provecho de la miserable condición en que viven las personas de las favelas.

Otro elemento encontrado es la manipulación fácil y grosera de la opinión pública llevada a cabo principalmente a través de los medios masivos de comunicación, donde luego la adhesión a las diferentes posturas ya ni siquiera pasa por un filtro racional. Después veremos cómo el abrumador poder que reside en ese consentimiento, sea explícito o implícito puede tener consecuencias irrevocables…

Es cuando se pone uno a valorar todo lo expuesto en la película es capaz de apreciar el coraje que implica divulgar tales cuestiones, y es en esa mirada aguda y en ese clamor que denuncia la agresión e injusticia propiciadas y respaldadas por la naturaleza monopólica y coercitiva del Estado donde radica la postura evidentemente anti sistema de la película.

También es destacable que la obra tampoco se agota en un fatalismo trágico sino que a través de la entereza e individualidad del Capitán Nascimento  – que no se conforma con las reglas del sistema y prefiere rebelarse asumiendo los riesgos que implique – nos permite creer que a pesar de todas las desgracias y aún entre tanto caos, existe esperanza de encontrar verdad.

Volviendo al aspecto artístico -y finalizando así la reseña-, probablemente la película falle en ciertos aspectos secundarios. Como por ejemplo en coincidencias inverosímiles puestas en el guión, muertes estúpidas de personajes conectados con la audiencia,  que no se termine de explotar la potencialidad que brinda abordar historia desde un eje más dramático, o que simplemente le deje bien parado a un zurdo… bueno, sobre el último punto quizá bromee, pero lo que no es broma es otro de los mensajes que deja –y que es el que personalmente más aprecio – y que señala que el enemigo más peligroso quizá no sea el que está con un cuchillo escondido en un barrio marginal sino probablemente el que está con una corbata y un bolígrafo gozando el respeto de la mayoría.