La pobreza del utilitarismo

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Utilizar una metáfora tiene sus ventajas: ilustra inmediatamente un punto y es una poderosa herramienta pedagógica para introducir a alguien a un concepto nuevo o complicado. Pero lo que se gana en poder explicativo se sacrifica en precisión, y como figura literaria se presta a una fácil manipulación por los detractores.

En el liberalismo, la metáfora gastada por antonomasia es la de la “mano invisible” del economista escocés del siglo XVIII, Adam Smith. A primera vista, lo que se podría inferir del pasaje más conocido1, dirían los liberales, es que la búsqueda del interés propio en el libre mercado conlleva un imprevisto beneficio al resto de la sociedad, un plus no tenido en cuenta por el individuo en sus intereses iniciales. Adam Smith no supo explicar exactamente el mecanismo, entonces recurre a una figura literaria: “como si estuviesen guiadas por una mano invisible“, acciones egoístas en el mercado crearían bienestar para todos.

Pero no es tan sencillo ni claro el mensaje. Las tres únicas veces que Smith emplea la metáfora no contribuyen a un significado único, y en el contexto de sus obras se presta a varias interpretaciones de expertos: desde una base para una teoría de justicia social a través del mercado, la intervención de una fuerza mística o divina, apología del proteccionismo, hasta promoción de la defensa nacional(!) 2.  Y gracias a la ambigüedad, las tergiversaciones de los liberticidas pueden ser aún más amplias para satirizar y dejar en ridículo a las posturas de libre mercado (lamentablemente en unos casos es autoinflingida, ya me encontré con patéticas analogías de la mano invisible como una manifestación del dios judeoscristiano, por parte de ‘respetables’ liberales contemporáneos).

Luego, esta infausta frase acaba resultando un lastre que deben quitarse de encima los liberales o libertarianos cuando abogan por una irrestricta libertad de las personas para intercambiar bienes y servicios, pues no falta el socialdemócrata buenudo que nos acusa de cuasireligiosos por tener una “fe” en el Dios Mercado que nos proveerá de bonanza con la Mano Invisible (obviando, no siempre por ignorancia, que con “mercado” nos referimos sencillamente a las personas en una sociedad libre).

En vez de reinvindicar a Smith -quien últimamente es considerado más estatista que a los liberales les gustaría reconocer3– quisiera plantear buscarnos otra expresión literaria de nuestra visión de la sociedad. Ya que en esencia, la mano invisible es parte de un argumento utilitario -la justificación de una acción son sus consecuencias- a su favor; como se lo usa entre los liberales, se refiere al orden espontáneo que surge de la persecución de intereses individuales que redundan en riqueza colectiva. Resalta el beneficio de ese orden emergente, lo cual no es incorrecto, pero a mi parecer pierde una gran oportunidad para hacer hincapié sobre el aspecto fundamental de la justificación ética: el orden voluntario.

Esto es más evidente en el contexto de la dialéctica ideológica.  Una sociedad ordenada es deseable, sí, dicen libertarianos utilitaristas y los estatistas – sólo que los últimos difieren de los primeros en que creen necesaria la previa instauración de un Estado para alcanzarlo (sin Estado, hay “desorden”); los primeros luego responden con el argumento del orden espontáneo, que sin esa figura de autoridad seguiría existiendo una sociedad ordenada. Es una falacia pensar que todo orden requiere de una persona en un lugar de autoridad dirigiendo al resto4. Pero luego carecen de una respuesta a: “bueno, pero tenemos Estado y hay orden, ¿para qué deshacernos de algo que funciona más o menos bien por lo que proponés?” Más argumentos de eficiencia no sacudirán la sensación de seguridad que brinda el Estado.

Es en este momento crucial de la batalla de ideas que los libertarianos iusnaturalistas -cuya justificación se deriva de principios éticos- pueden dar la estocada final: “porque es un orden voluntario“. Ya el Estado, es un travestismo de sociedad ordenada.  Viste a la violencia con ropaje de virtud. Reemplaza al consentimiento, sine qua non para toda acción virtuosa de los seres humanos, por la coacción; usurpa las acciones cooperativas y mediante obligaciones, decretos y leyes unilaterales pretende imponer cooperación ordenada, un contrasentido, y además se vanagloria de su bondad violenta. Tiene en su núcleo a la explotación, la esclavitud y el robo legalizado. La alternativa voluntaria es la única compatible y coherente con la búsqueda de la verdad y los deseos de una sociedad de hombres soberanos, porque es una organización basada en el reconocimiento de que es el más básico derecho y uso del cuerpo de cada uno de otorgar su consentimiento o no al interactuar con otros; porque solamente se puede hablar de acción buena o mala si esta es realizada libremente por una convicción personal; porque la iniciación de la fuerza no es superior a la razón, a la persuasión y al comercio; en fin, porque las otras personas no son tu propiedad.  Hay que deshacerse del Estado no porque estemos seguros de que una sociedad sin ello sea “eficiente”, sino porque que estamos seguros de que el robo y el asesinato está mal y la ausencia de réplica a cada ocurrente objeción estatista de “ineficiencia” no es justificación para que un sistema de robo y matanza que sin descaro te dice que protege y cuida a sus ciudadanos, siga en pie.

Anarquía significa “sin líderes”, no “sin orden”. Con la anarquía llega la edad del Ordnung, del orden real, es decir, del orden voluntario. –V, en V de Vendetta

 


[1] “Prefiriendo el éxito de la industria nacional al de la industria extranjera, no piensa más que en darse personalmente una mayor seguridad; y dirigiendo esta industria de manera que su producto tenga el máximo valor posible, no piensa más que en su propia ganancia; en aquello, como en muchos de otros casos, es guiado por una mano invisible hacia el cumplimiento de un fin que nunca ha estado en sus intenciones; y no es siempre lo peor para la sociedad que esta finalidad no entre en sus intenciones. Buscando sólo su interés personal, trabaja a menudo de una manera mucho más eficaz para el interés de la sociedad, que si se lo hubiera puesto como objetivo de su trabajo.” Libro 4, Capítulo 2 — Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776)

[2] Grammp, en What Did Smith Mean by the Invisible Hand? (2000): “En resumen, la mano invisible ha sido interpretada para significar:  (1) la fuerza que hace el interés de uno el interés de otros (2) el mecanismo de precios (3) una figura para la idea de consecuencias no intencionales (4) la competencia (5) la ventaja mutua del intercambio (6) una broma (7) un proceso evolutivo (8) la Providencia  (9) la fuerza que restringe la exportación de capital.” (traducción libre).

[3] “La crítica es que comentaristas previos han tenido la tendencia de ver la obra de Smith a través del cristal del laissez-faire, en vez de verlo en el contexto de la política del siglo dieciocho. Si bien un Smith un poco más estatista ha emergido de este análisis, no afecta el juicio de que su obra conforma una piedra angular en la historia de la teoría del orden espontáneo.” –Norman, Barry: The Tradition of the Spontaneous Order

[4] “En donde sea que veamos un disposición ordenada de cosas u hombres asumimos instintivamente que alguien intencionalmente los ha colocado de esa manera”– Michael Polanyi, The Logic of Liberty.