¿Matar a los diputados?

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Mucho antes de que el expresidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson (1801-1809), como uno de los principales autores de la Declaración de la Independencia norteamericana, haya proclamado, la frase “El árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los patriotas y de los tiranos”, y que incluso, el historiador y sacerdote jesuita español Juan de Mariana (siglo XVI), siguiendo a Tomás de Aquino, justificara la muerte a un rey o tirano por el pueblo, encontramos en Juan de Salisbury (teólogo y filósofo de la Escuela de Chartres), una antesala de esta premisa con un aparente concepto liberal primitivo, ya a partir del siglo XII.

Aunque la evidencia de esta práctica la encontramos en la Grecia clásica, luego de varios siglos después, Juan de Salisbury la teoriza, con su frase “es glorioso matar al tirano, si es que se corrompe la ley natural, ya que ésta no puede ser quebrantada”. Con ello, el religioso justifica dar muerte al rey si es que corrompe a la sociedad y quiebra el orden institucional de todo reinado.

Es enorme la indignación que se vio en las últimas horas por la aprobación desmedida, bochornosa y asquerosa de la ampliación presupuestaria de 150.000 millones de guaraníes al Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE). Se rechazó el veto presidencial y la aprobación sigue vigente.

¿Será que alguien en este país espera realmente algo bueno de los políticos, sean del partido que fueren? ¿Aún tienen esperanzas en el sistema democrático?

El Estado es un mal innecesario que coarta la libertad individual desde su existencia misma. ¿Acaso no se dan cuenta? Es el único órgano que recauda dinero a través de la amenaza sistematizada y legal. Obtiene ingresos por la fuerza, no por la voluntad de los ciudadanos. Esto no es Suecia, Finlandia o Dinamarca, no se puede aspirar a ser un país escandinavo. Es Paraguay, un país con una economía cimentada en la exportación de alimentos, materia prima, no producción tecnológica, no valor agregado… es decir, una economía que aún no aparece siquiera en el siglo XX.

El sistema político actual garantiza la partidocracia, el clientelismo político y el prebendarismo. El Estado paraguayo lo que mejor ha hecho desde hace décadas es forjarse en una institución creadora de empleos no realizados con funcionarios parásitos serviles a los mandatarios de turno. Es un Estado que se preocupa por mantener a una clase privilegiada de zopencos que se deben a la bandera partidaria y al político que tiene poder en un determinado momento. El Estado paraguayo es una agencia de empleos, no para los más eficientes, hábiles, inteligentes o visionarios, sino para los mediocres que no han podido conseguir trabajo por mérito propio.

Esta tarde saldrán decenas o cientos de ciudadanos a manifestarse contra esta turba de parlamentarios egoístas irracionales que han robado descaradamente el fruto del esfuerzo de los paraguayos. ¿De qué servirá señalarles con el dedo si ellos, con el suyo, han votado en contra de los intereses generales? Ellos son los que tienen poder, ellos son los que diariamente se oponen al desarrollo del Paraguay. Son ellos quienes postergan a millones de paraguayos.

No propongo matar a los “tiranos”, porque eso solo reemplazaría a los parásitos. No tiene sentido. Pero hace falta una verdadera revolución, que conspire contra la historia paraguaya, contra el poder estatal, contra la ignorancia, contra el miedo y contra el conformismo. Falta una revolución que conspire y derroque también a la tiranía de la mediocridad.

Pero esta tarde, la manifestación en el centro asunceno será contra una aumento desmedido. Mañana, quizá los mismos festejen la vigencia del Impuesto a la Renta Personal (IRP), otro robo más que está en puertas de ser legalizado.

Falta mucho, al parecer, para que el cambio verdadero llegue a esta “isla rodeada de tierra”.