La trampa del censo

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Como sabemos, esta semana arranca el Censo Nacional de Población y Viviendas 2012 que tendrá una duración prevista de 6 semanas (si bien estaba previsto iniciarse en agosto).

Es oportuno preguntarnos si realmente vale la pena el censo. Supone un gasto para la contratación de 6.051 censistas y 1.297 supervisores con salarios de Gs. 1.400.000 a Gs. 4.000.000, sin tener en cuenta los que ya se encuentran generados como “gastos administrativos”, como así también la creación de cargos administrativos independientes a los mencionados, lo cual asciende la cantidad de gente involucrada hacia las 12.000, según entrevista a la directora de la DGEEC.

Y hay que sumarle los gastos que implica en utilización de tecnología, como son los dispositivos electrónicos que serán utilizados para mantener el registro de los datos recabados. La inversión total de todo esto supone  unos 18 millones de dólares, provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), además de fondos del Tesoro.

Recordemos que tratándose del estado, no es precisamente el mejor administrando recursos, ni mucho menos brindando eficientemente servicios o bienes.

Como tenemos ejemplos de los años anteriores, para cuando los datos de los censos son realmente procesados, resultan poco precisos, ya que pasa bastante tiempo desde su procesamiento hasta la publicación de los informes. Otro agravante es que el espectro de la información es muy amplio, difuso y no obedece a un solo enfoque de manera a que éste pueda ser utilizado de manera correcta por otros actores.

A pesar de las nobles intenciones esgrimidas, los censos ejecutados por el Estado han servido en realidad como input para saber dónde hay que apretar más al individuo en nombre “del bien común.” Porque con esta información una vez procesada, tendrá formas de justificar el gasto público y su expansión, señalando “grandes necesidades” y falencias (que el estado mismo ocasiona o agrava directa o indirectamente).

Nunca haciendo mea culpa, procederá a cargar con mayores impuestos el éxito de aquellos que lograron con mucho esfuerzo un mejor nivel de ingresos. Tampoco se pondrá en duda la legitimidad de hacer caridad con dinero ajeno.

Es importante recordar que la interferencia del gobierno siempre significa la acción violenta o bien la amenaza de tal acción –tiene lo que se llama el monopolio del uso de la fuerza. La característica esencial del gobierno es la aplicación de sus decretos por amenazas, encarcelamiento y asesinatos. Pero solamente en la medida que tiene información sobre los individuos puede mantener en constante amenaza a la población.

Para ejemplificar, sólo si los burócratas saben el nivel de ingresos y la cantidad de personas que aportan al hogar pueden exigirnos más “sacrificio por el país” (más tributos); sólo si conocen las ocupaciones y nivel y tipo de estudios, pueden justificar el desvío de recursos hacia sectores económicos o instituciones educativas que los tecnócratas misteriosamente saben hay que fomentar; sólo si saben cuánta gente hay en edad de votar pueden pedir más fondos y cargos para instituciones encargadas de las elecciones, así como subsidios a los partidos; y en lo más preocupante, sólo si saben cuántos jóvenes hay pueden intentar un retorno a la servidumbre militar o considerar conflictos bélicos con vecinos.

El peligro sobrepasa los supuestos beneficios y deberíamos empezar a preguntarnos por qué dar al estado información sobre nosotros, sobre qué tenemos en nuestra propiedad, cuánto dinero tenemos y/o ganamos al mes o qué hacemos de nuestras vidas. Es información sumamente delicada que con justa razón no daríamos a ninguna empresa privada, pero curiosamente suponemos que los funcionarios no cometerían abusos o negligencias en su manejo.

Es momento que exijamos que nos respeten como individuos en nuestra privacidad y dejen de tratarnos como ganado al cual cada cierto tiempo faenan para vendernos por parte al mejor postor. Es momento que nos demos cuenta de que esto servirá para acortar cada vez más nuestra cadena y facilitar el secuestro constante de nuestras libertades y bienes que sufrimos por parte de los gobernantes de turno.

Por eso decile NO al censista, no le des información, no le des más razones al Estado para que crea que tenés algo más que pueda quitarte o por lo cual pueda extorsionarte.