“¿Por qué no entran a la política?”

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Una reacción común al anarquismo es que los anarquistas deberían utilizar los medios políticos, que “deberían entrar a la cancha y jugar”,  a fin de obtener algún grado de cambio.

Se presenta un argumento de este tipo: “Como anarquista, deberías dejar de hacer tanto alboroto, y en lugar de eso deberías convertirte en político, y así tratar de cambiar las cosas de la manera apropiada.”

Pero esto es una locura completa, una locura delirante. Puedes ver su locura claramente si lo aplicas a otra área: “Como alguien que está en contra del aborto, deberías dejar de protestar y hacer alboroto. Deberías convertirte en un médico abortista y tratar de reformar la AMA (Asociación de Médicos Americanos) desde adentro.”

Si usted le dijera esto a cualquier activista anti-aborto, pensaría que se está burlando de él de una manera muy torpe, o bien que es un grandioso retrasado mental. Realmente se necesitaría de una persona con una estupidez grandiosa para concebir esa clase de argumento, sin mencionar una completa falta de humor, necesaria para decirlo en voz alta sin reírse.

 O de esta manera: “Si estás en contra de los mataderos, deberías comenzar tu propio matadero, matar unos cuantos animales, incursionar en la industria y utilizar tu influencia para conseguir que otros propietarios de mataderos sean más humanos. “

Tarde o temprano, serías abofeteado y yo no culparía a quienquiera lo haya hecho. Y aún así, el argumento es usado en pos del gradualismo y en contra de la acción revolucionaria, sin inmutarse. ¿Por qué aceptamos esto como si fuese algo más que una locura?

En menor medida, las personas que dicen a los anarquistas que voten para “hacer oír su voz” caen en la misma falacia. Realmente espero no tener que explicar por qué esto es una locura: la gente que está luchando contra lo que perciben como un gran mal no tienen ningún interés en perpetrarlo ellos mismos. Como anarquista, no tengo ningún deseo de participar en la explotación inherente al sistema político. Votar, por ejemplo, es un acto de coacción delegada, incluso si uno vota por una “buena” causa o para la erradicación de una “mala” ley (todas las leyes son malas por definición, pero la erradicación de ciertas “malas” las leyes sólo trae las otras a un primer plano). Pedirle a los anarquistas que voten es básicamente pedirles que dejen de ser anarquistas.

La cuestión de fondo es la del gradualismo: la creencia de que con “manipular el sistema” poco a poco se puede reformar y reducirla hasta que sea erradicada. El gradualismo por lo tanto, está en marcado contraste con la revolución (la creencia de que la acción violenta o no violenta contra el sistema desde el exterior puede erradicarla) y con la evolución (la creencia de que el individuo tiene que cambiar primero y crear nuevas formas de relacionarse y nuevas sociedades con el fin de desplazar a las viejas costumbres).

A diferencia de los otros dos, el gradualismo es etiquetado como “pragmático”, ya que puede lograr resultados más rápidamente. Bueno, no hay duda de que el enfoque gradualista produce resultados rápidos. El problema es la naturaleza de lo que se llama “resultados”.

El Partido Libertario fue iniciado por un grupo de anarquistas y minarquistas que querían ser representados en la arena política y, finalmente, reformar el sistema. Su objetivo era en gran medida gradualista. Y sin embargo, en los casi cuarenta años que el partido ha existido, no sólo ha fracasado en lograr algo, sino que su ideal libertario original se ha diluido y pervertido más allá del reconocimiento, hasta el punto en el que alguien como Bob Barr puede ser nombrado como su candidato presidencial. Por supuesto, los “hardcores” (es decir, las personas que realmente creen en los principios fundadores) se lamentan y se quejan de ello constantemente, sin darse cuenta de que es un fenómeno inevitable.

El principio subyacente aquí es el siguiente: la vía política sólo puede crear más medios políticos. O más simplemente: el uso de la política para lograr un fin sólo le da más poder al sistema político. Por ello sólo funciona si tu objetivo es dar más poder al sistema político. Si tu objetivo es lograr una libertad duradera, participar en el proceso político no rendirá resultado alguno. De hecho, un grupo de marginados que participen en el proceso político jamás ha dado una libertad duradera en cualquier área en la historia de la política.

El razonamiento gradualista se basa en la premisa —generalmente implícita— de que el sistema político es al menos un poco “justo” y dará libertad si eso es lo que la gente quiere. Pero ésta es una premisa extremamente poco razonable. Los procesos que forman parte del sistema político (como el voto) fueron creados por la clase dominante y son manipuladas para que la clase dominante pueda mantener sus intereses. Cualquier problema, por pequeño que sea, que va en contra de esos intereses es silenciado o reprimido.

Un estatista podría argumentar que mi posición es derrotista. Por el contrario, no soy derrotista en absoluto. De hecho, yo tengo confianza en la victoria final. Yo simplemente no quiero desperdiciar las energías de nadie en un método que jamás ha funcionado y nunca va a funcionar, y que es un gran saldo negativo neto para el anarquismo como ideología y como movimiento.

Este último punto, creo yo, es tan importante como el aspecto de la viabilidad. Si las personas que profesan ser anarquistas se convirtieran en una facción política más, gastando incontables horas y dinero tratando de hacer proselitismo a otras personas, entonces el anarquismo se convertirá por asociación de ideas en la mente de la gente en sólo otra facción política que forma parte del juego. Pero el anarquismo, si es que significa algo, es una desconexión de todos los juegos que la gente juega uno contra el otro. Así que proyectaría la imagen exactamente contraria que necesitamos proyectar urgentemente.

Si la gente empezara a asociar anarquismo con política, entonces no hay duda en mi mente de que sería un retroceso enorme en la causa de la libertad, y nadie entendería al anarquismo como lo que realmente es. Dejarían de captarlo.

Lamentablemente, el deseo de gradualismo parece innato en muchas personas cuando un movimiento se pone en marcha. Ellos quieren optar por la solución rápida y fácil. Ellos tratarán de controlar a sus compañeros para que la “imagen del movimiento” sea aceptable al público, independientemente de cuál, en realidad, sea la verdad.

Podrías pensar que estoy siendo un hipócrita ya que he estado diciendo que una de las razones para no utilizar los medios políticos es que mancha la imagen del movimiento. Pero en ese caso, no participar en los medios políticos es ser un anarquista. No es una mentira o una tergiversación hecha con el fin de ser aceptado.

Pero cuando transitas por el camino del gradualismo, no hay fin al control que se puede justificar en el nombre de un movimiento. “Hay que dejar de decir esto, hacer eso, usar cierta ropa o dar esta impresión”, una y otra vez, hasta que todos “sean buenos representantes de su grupo.” Pero esto es homicida para cualquier movimiento que se basa en el libre pensamiento y la creatividad, y es agobiante psicológicamente para el individuo. De hecho, ya tenemos un insulto para eso: se llama “ser un político“.


Artículo original de François Tremblay.