Defensa liberal de un derecho animal

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Las capacidades naturales son las que precursan los derechos primigenios: el hecho de la existencia en su cuerpo y el uso de su mente hace al hombre legítimo dueño de sí mismo.

El empleo de la fuerza y la inteligencia modifican el estado de las cosas y así se crea la propiedad, que circula y se modifica a través de relaciones que se crean a partir del lenguaje y en búsqueda de lo que se aprecia como beneficio mutuo, el mercado.

A su vez, los contratos y el ciclo que resulta de la aplicación de diferentes habilidades se dan insertos en el gran espacio interactivo, fundado en la capacidad de discernimiento de lo humano y determinación de que cooperar es conveniente, y compartir con iguales necesario, es decir, en la sociedad.

Partiendo de este esquema lockeano sintetizado sobre la realidad, secuencia e inmutabilidad de los derechos primordiales, señalo que:

  1. Los humanos somos animales sofisticados.
    1. Cuya principal distinción del resto es la capacidad de entendimiento del mundo que nos rodea y la paralela valoración del mismo.
  2. Que a los efectos de la organización ética de la especie se traduce en el reconocimiento de la humanidad de los demás individuos y el respeto a sus derechos, junto a la exigencia de respeto a los propios.
  3. Entonces la responsabilidad es válida como argumento a los derechos del  hombre porque en expresión positiva construye la prevalencia del orden legítimo y voluntario de la sociedad y llevado a última instancia del razonamiento, hace improbable que un individuo agreda a otros.
  4. Por lo general los liberales niegan la existencia de derechos de los animales, arguyendo que son inconscientes; pero,
    1. Tomando lo expuesto en el punto 3, cabe recordar que una enorme cantidad de animales, principalmente domésticos y de ganado más débiles, son controlables o incluso pacíficos para/con las personas en tanto y en cuanto éstas no provoquen una reacción violenta.
    2. Es nulo el alegato de la inconsciencia para justificar la violencia extrema contra los animales. Si uno golpea a un perro lógicamente será mordido, como al empujar a una anciana probablemente sea abofeteado y con toda razón. La capacidad modificadora de nuestra especie nos otorga el derecho a protegernos, proteger nuestros bienes y en todo caso disponer del ganado o la pesca, cazar para subsistir, etc. pero nunca a lesionarlos sin un fin justificativo.
    3. A esto agrego que todos los mamíferos son capaces de sentir dolor, y esta capacidad adherida a la pasividad natural, resulta en el derecho a no ser torturados. En una sociedad libertaria las corridas de toros, las peleas de gallos y similares deberán estar totalmente prohibidas.
    4. De los últimos dos puntos no se desprende que propongo el veganismo o ninguna opción ecologista, sino el respeto a un derecho constituido por la misma racionalidad y naturaleza que caracteriza los nuestros. Priman los derechos de las personas, pero en el punto del dolor se hace valer este respeto hacia los animales. Una práctica legítima a mi entender es el golpe seco que sustituyó la mutilación en los mataderos.

En síntesis, he demostrado que los animales que no atacan a la gente y a la vez son capaces de sentir dolor (mayoría de los perros, gatos, aves, vacunos, ovinos, caprinos, equinos, camélidos, cérvidos, etc…) poseen en plenitud al menos un derecho que los humanos en consciencia y acción debemos percibir: no es legítimo que les produzcamos dolor.